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Fotógrafo instintivo. Llevado a cristalizar a través de un objetivo un momento, un movimiento y hacerlo eterno; listo para poder hacer objetiva cualquier emoción.
Fotógrafo nómada. El viaje considerado como itinerario mental allí donde la curiosidad se satisface sólo en los grandes horizontes, en los encuentros con culturas lejanas, en la historia de las expresiones de las caras.
Sólo la fotografía puede hacer el milagro de sintetizar estos dos modos de ser y poder compartirlos. Éste es el sentido de su pasión de fotógrafo.
Alberto nace como viajero y como tal, es un fotógrafo de instinto, libre de estetismos sobrestructurales.
De sus primeros viajes, sobretodo africanos nace su pasión natural por capturar esos paisajes, esas experiencias.
Después la fotografía se convierte, poco a poco, en su manera principal de expresión y como tal amplía el propio abanico de temas hasta comprender todo.
En sus fotos refleja una pasión inamovible y un amor por el detalle sea que se trate de un paisaje africano o de un templo hindú, sea la cara de un niño o la mirada orgullosa de un guerrero, sea el frío particular de una pieza de arquitectura o las contorsiones de un nudo.
El color se convierte en el instrumento principal, color como vehículo propulsor de emociones. Color en su totalidad, lo que significa usar el blanco y negro, el color crema, la palette completa.
El todo parece ceder a los formalismos. Realidad digital sí, pero no perfeccionada. Perfecta en su naturaleza.
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